¿Somos vagos?

por Patricia

Pues es probable que alguien piense que sí, que si te tiras en el sofá a ver Netflix en vez de ponerte con esa tarea que llevas posponiendo todo el verano es porque eres vagx o perezosx. Y, en realidad, la respuesta no es tan sencilla.

Todos somos víctimas de nuestro cerebro primitivo y de la batalla que se da en él a todas horas entre tres de nuestros sistemas.

Pero empecemos por el principio. Sabéis que antes de ser homo sapiens sapiens lo más urgente que el cerebro debía hacer por nosotros era procurarnos comida, un lugar donde dormir y evitar que se nos comiera alguna bestia. Ese cerebro primitivo (que todavía conservamos y que manda mucho, por cierto), el cerebro reptiliano, forma parte del sistema límbico que «es el responsable de la aparición de las emociones asociadas a cada una de las experiencias que se viven. Su utilidad tiene que ver con el aprendizaje». Si algo nos produce placer tenderemos a repetirlo y si nos cuesta o nos produce «dolor» tenderemos a evitarlo.

Pues resulta que, con eso de que debía salvarnos la vida, el cerebro reptiliano aprendió a trabajar rápido, por impulsos y, además, se hizo fuerte. Cuando nuestro cerebro racional comenzó a desarrollarse, dejó las tareas de: cae una piedra, me agacho y me cubro con los brazos o me aparto de su camino, para el cerebro primitivo porque no resultaba práctico ponerse a calcular la trayectoria de la piedra o la fuerza con la que impactaría contra nuestro cráneo durante el tiempo en el que debíamos evitar su colisión con nosotros a toda costa. Y, como es evidente, el cálculo de los pros y los contras en cualquier ámbito de la vida es un cálculo lento. Así que, si pusiésemos al cerebro reptiliano y al racional a pelear sobre un ring, ganaría el reptiliano de calle. Pero si los pusiésemos a jugar una partida de ajedrez, sería el cerebro racional el que se llevaría la medalla.

¿Y por qué os cuento esto? Porque el cerebro reptiliano siempre elegirá lo fácil y cómodo, lo conocido, que es lo que, él supone, nos mantiene a salvo. Es decir, el sofá y Netflix (que son nuestra cueva lejos de las bestias).

Pero vayamos un poco más allá. En nuestro cerebro no solo está el sistema límbico. Con él están también el sistema ejecutivo, el sistema de recompensas y el sistema de rutinas o hábitos y estos tres batallan constantemente por obtener nuestra atención.

La concentración (que es lo que necesitamos para concluir una tarea) está muy ligada a la atención y el problema de esta es que «por una parte es limitada (se acaba) y, por otra, tiende a derivar hacia ciertas zonas del cerebro muy bien señaladas mediante una serie de mapas mentales que formamos a partir de los lugares (del cerebro) que visitamos con mayor frecuencia y que, por tanto, marcan nuestras prioridades (seamos plenamente conscientes de ellas o no). Sin embargo, estos mapas no son inamovibles y van cambiando según la relevancia de la información que recogen, una relevancia que es producto de la batalla» entre los tres sistemas que comentábamos en el párrafo anterior.

Para que se entienda bien, te diré de qué se encarga cada sistema:

El ejecutivo se encarga de orientar la atención hacia aquellas tareas en las que estamos trabajando.

El de recompensa nos premia con un chute de dopamina sin importarle si lo que estamos haciendo es «bueno» o «malo» para nosotros o nuestros objetivos.

Por último, el sistema de rutinas o hábitos funciona a través de una serie de reglas que hemos ido instaurando a lo largo de los años.

Os voy a poner un ejemplo: estamos realizando un proyecto que nos entusiasma (nuestra novela), pero que es costoso y cuya recompensa depende de nuestro compromiso con el proyecto, de nuestra concentración y de nuestra atención. Si lo finalizamos, obtendremos la recompensa (chute de dopamina), aunque es probable que esa recompensa tarde en llegar. Sin embargo, si atendemos al wasap, contestamos los mails, publicamos un post en Instagram, jugamos una partida de Clash Royale… La sensación es la de haber finalizado tareas y, por lo tanto, el chute de dopamina será inmediato. ¿Quién ganaría esta batalla, el sistema ejecutivo o el de recompensas? Evidentemente, si no tenemos una fuerza de voluntad y una disciplina (además del compromiso) férreas, el ganador será siempre el sistema de recompensas.

Otro ejemplo: Estamos con el mismo proyecto de antes y tenemos el móvil al lado con sonido. Cada vez que entre un wasap, lo miraremos y, probablemente, contestemos (chute de dopamina). Incluso lo miraremos para ver si ha entrado un wasap, aunque no suene (chute de dopamina al comprobar que no has pasado ningún mensaje por alto).

Ese hábito o rutina de mirar el móvil cada cinco minutos que hemos ido asentando en nuestro día a día a lo largo de los años, también se enfrenta al sistema ejecutivo para obtener nuestra atención y resulta que, como nos hemos hecho adictos al chute de dopamina, nuestro cerebro lo busca constantemente, es decir, en este caso, el sistema ejecutivo vuelve a tener las de perder.

«Así que nuestros tres sistemas se encuentran en una lucha permanente que agota nuestra atención e interrumpe nuestra concentración».

Si tenemos en cuenta todo esto, la conclusión es que, en realidad, no somos vagos ni perezosos sino adictos. Adictos a esos chutes de dopamina que nos proporciona el cerebro cada vez que hacemos algo, ya sea «bueno» (acabar nuestro proyecto -novela-) o «malo» (atender cosas que no son urgentes ni importantes y que no nos acercan ni un poquito a nuestro objetivo).

Y ahora que lo sabemos podemos ponerle solución. Una solución fácil de explicar y difícil de llevar a cabo: «Domina la impulsividad y mejora tu autocontrol. Para ello un buen primer paso radica en la palabra COMPROMISO». Comprométete con tus objetivos, organízate, planea. «Si vis pacem, para bellum», es decir, «si deseas la paz, prepárate para la guerra». Alcanzar tus objetivos es la paz, la guerra se lidiará mientras tanto, pero si tienes un buen plan, una hoja de ruta (que deberás ir modificando y ajustando hasta que sea perfecta para ti y tus circunstancias), y la sigues, evitando distracciones, vencerás. ¡Ánimo!

Nos leemos pronto.

 

Nota: La información ha sido extraída del libro «Mentalidad de escritor» de Ana Bolox.

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6 comentarios

rosaura tarín vidal 30 septiembre 2022 - 19:58

Interesante información.

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Patricia 2 octubre 2022 - 13:06

Sí, ¿verdad? El libro es muy recomendable, aunque se llame «Mentalidad de escritor» vale para cualquier persona y es susceptible de beneficiarte también a ti. Creo que es importante conocer cómo funcionamos para poder hacer frente a todo lo que queremos mejorar de nosotros mismos. Me alegro de que te haya gustado. ¡Gracias por comentar!

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Marí 3 octubre 2022 - 11:48

A mí también me gusta mucho la información. La tendré presente.

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Marí 3 octubre 2022 - 11:54

Patricia muy bien explicado.

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Patricia 27 noviembre 2022 - 00:47

Gracias. =) Besotes.

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Patricia 27 noviembre 2022 - 00:47

Me alegro de que te sea útil. Bsotes.

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