Vera de Anajaram

por Patricia

«Hubo un silencio repentino. Un silencio abrumador y profundo que hizo que le doliesen los oídos. Que le arrugó el corazón y le encogió el estómago.

Sabía que la vida se escondía tras los árboles del bosque y que era allí a donde debía ir, a Anajaram.

Corrió. Vera corrió tan veloz y ligera que las briznas de hierba bajo sus pies apenas se movieron. Su cabello castaño se deshizo en una cascada oscura que se retiraba de su rostro al ritmo que le marcaba el viento. No había nadie más veloz.

Anajaram se encontraba cada vez más cerca.

—Espérame, Didak —dijo en un susurro —. No permitas que el destino nos arrebate lo que el amor nos dio.»

Este texto lo escribí para una amiga de mi hijo pequeño. Podría ser un capítulo (el final de uno, por ejemplo) de una buena historia. Con Vera como protagonista o no.

Tengo muchos textos así. Textos que podrían formar parte de algo mayor. Todos están guardados a buen recaudo por si algún día los uso, por si necesito parte de ellos o el texto completo.

Soy buena con las escenas sueltas. Puedo ver escenas en casi cualquier parte o se me ocurren a partir de cualquier cosa. Suelen ser escenas inconexas que no tienen que ver unas con otras. A veces son parte de la historia en la que estoy trabajando, pero muchas otras veces no.

No sé cómo funcionará tu mente, pero la mía va un poco a su rollo. Hay momentos en los que creo que la zona donde se generan mis ideas tiene vida propia y le da igual lo que yo busque que me obsequia con lo que le da la gana. Sin embargo, un obsequio es un obsequio y, como tal, se conserva y se da las gracias por él.

¿No te pasa que conservas cosas que no te decides a tirar porque quizás te sirvan en algún momento? Con las ideas pasa lo mismo. Y, aunque a veces pienses que no tienen que ver con tu novela actual, puede que te saquen de más de un apuro si les echas un ojo cuando te atascas.

Pero esto no solo es útil para ti, que escribes, también es útil para ti, que haces cualquier otra cosa. No hablo de almacenar por almacenar (ya sean materiales, ropa, ideas, sentimientos…) hablo de escuchar a tu corazón y quedarte con lo que sientes en las tripas que podrás utilizar algún día. Porque, si te prestas atención, eres capaz de saber qué resuena contigo y qué no.

Aunque no debes caer en la suposición, por ejemplo, de que la rabia es una emoción deplorable porque podrías utilizarla para defenderte algún día. O que esa carta de alguien que ya no significa nada para ti hay que quemarla porque puede que, al releerla, te diga cosas que te ayuden a superar un momento difícil. Todo es relativo y debe tener un contexto.

Antes de tirar (y en esta vida hay que echar muchas cosas a la basura o al olvido), silencia el ruido externo y oye qué te dice tu corazón. Deshecha todo lo que no te diga absolutamente nada o aquello que te haga sumamente infeliz si no puedes utilizar esa infelicidad para nada de provecho. Con el resto, convive, llévate bien. Organízalo de manera que puedas echar mano de ello en el momento en el que lo necesites y úsalo en tu beneficio.

Nos hablamos pronto.

También te puede gustar

1 comentarios

Miguel García García 2 agosto 2021 - 16:08

¡Muy bueno el fragmento! Me sonaba a mí el nombre de Vera y el de Didak de alguna de tus historias. La verdad es que yo también me creo escenas sueltas, bueno, más bien historias tochas sueltas a menudo y me las resguardo en escritos vagos, dibujos y principalmente en mi mente. Llevo años con ideas que aún no he puesto en práctica 😅

Respecto a lo del corazón, me parece un poco “hippy” para mi persona, pero suena bastante bien. Puede que lo ponga a uso también tarde o temprano (aunque mejor será temprano 😂😂😂)

Buen post Patricia

-MGG

Responder

Deja un comentario